18.4.06

Retales I


Me encantan las tormentas de verano. Sobre todo esas que llegan casi sin avisar y que traen consigo mucha agua de golpe y mucho ruido. Una tarde de agosto vimos como caía un aguacero a no más de cien metros de donde estábamos, mientras a nosotros aún nos daba el sol. Observamos en silencio como el nubarrón gris avanzaba sobre el campo hacia nosotros y echamos a correr cuando la tupida cortina de lluvia estaba sólo a dos o tres pasos. Llegamos secos a un portal justo a tiempo para ver pasar la tormenta.

No hay comentarios.: