28.8.06

ACT en Moral de Cva, tierra de caballeros


Estos siete jinetes poco apocalípticos asaltaron la villa y se hicieron con los fuertes de Casa Abuela, Casa Angelita... y también pusieron sus pies en el Auditorio Municipal. Visto y no visto.
Un abrazo fuerte a todos!

SOBRE LA UTILIDAD DE LOS DEFECTOS HUMANOS


"Los defectos humanos pueden tener perfectamente sus lados positivos, con tal de que sigan siendo humanos.
Durante mis años en Italia, muchos sorprendidos italianos me preguntaban por qué prefería vivir en ese paese di merda, como ellos lo llamaban, en medio de toda su corrupción, sus ladrones, su irremediable y perpetuo caos, en lugar de en Alemania, donde las cosas eran algo mejor en ese aspecto. Yo intenté explicárselo de la siguiente manera:
“Si yo fuese un preso al que llevan a un campo de concentración –y por mi natural pertenezco siempre al grupo de los que meten en un sitio así y no al de los que encierran a otros- y si casualmente tuviese aún un reloj de oro oculto en mi cuerpo y mi guardián fuese un italiano, entonces yo intentaría acercarme a él y decirle por lo bajito: “Oye, tengo en casa siete niños menores de edad, todos pequeñísimos, y tengo una mujer que no puede vivir sin mí y una anciana madre que no para de llorar. Y aquí tengo un reloj de oro, te lo doy si miras para otro lado y dejas que me escabulla”. El italiano, con bastante probabilidad, se enjugaría una lagrimita, tomaría por supuesto el reloj y me dejaría escapar. Pero si mi guardián fuese alemán, no derramaría una lágrima, no tomaría por supuesto el reloj y me denunciaría a su superior por intento de soborno. Por eso, pese a todo, me siento más seguro en vuestro país.”
Los sistemas inhumanos pueden, mediante los defectos humanos, funcionar un poco menos bien, por eso dependen de la virtud y de la conciencia del deber. A una ciudad como Nápoles tampoco pudieron meterla en cintura los fascistas."

Carpeta de apuntes. Sobre la utilidad de los defectos humanos. Michael Ende.

18.8.06

Hubiese, hubiese, hubiese...



Las memorias de Günter Grass se venden como rosquillas. El premio nobel revela haber llevado en su juventud los dos rayos gemelos en la pechera y el morbo hace el resto.

¿Hubiese sido invitado a Estocolmo en 1999 si ya hubiese revelado que sirvió durante la guerra en la guardia pretoriana de Adolfo Hitler? Probablemente no. El hombre juzga el hombre por su vida. Una vez muertos, la Historia pone faltas y virtudes en una balanza y exalta lo que más pesa. Si entre las virtudes están los inventos de un genio, las maniobras de un estratega o la obra de un artista, posiblemente sus pecados queden en sombra. Se tratarán de forma permisiva y serán en el relato la chispa siniestra y morbosa que necesita toda vida interesante para ser tal. Schelling dijo que "lo siniestro es aquello que, debiendo permanecer oculto, no obstante se ha revelado".

¿Hubiese escrito el señor Grass "El tambor de hojalata" de no haber vivido lo que vivió? Seguramente no. Esa novela me trastornó un poco. Puede que la bibliotecaria tuviese razón al decirme que cogieses otra y dejase esa para más adelante. Su intento de quitarme el libro multiplicó mis ganas de leerlo. Desde la primera página me enganchó. Me fascinó por repugnante. El morbo, otra vez. Lo releí unos años depués-era necesario- y entonces lo brillante me pareció la forma de narrar lo infame tomando la distancia justa para hacerlo soportable. Lo suficientemente cerca para infligir el horror pero sin rebasar la línea que anularía toda credibilidad. Quizá sea esa maestría para mantener el equilibrio la que hace de la obra una gran novela. Si fuese un gran cuadro se diría que es bello. "Lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar", dijo Rilke.

A la espera de que se pueda leer esa primera parte de la autobiografía del casi octogenario alemán, en la que narra su juventud y la guerra, yo me guardo mucho de juzgar. Ya dirá la Historia cuando estemos todos muertos.

10.8.06

Es usted un experimento

«Estimado señor, pobre señor, valiente señor», leyó, «es usted un experimento del Creador del Universo. Es usted la única criatura con libre albedrío de todo el universo. Es usted el único que ha de pensar en lo siguiente que va a hacer y en por qué va a hacerlo. Todos los demás son robots, son máquinas.

»Existen personas a las que parece que usted les gusta y hay otras que parece que le odian. Usted se estará preguntando el porqué. Es, simplemente, porque son máquinas de gustar y máquinas de odiar.

»Está usted desmoralizado y hecho polvo», siguió leyendo Dwayne. «¿Y cómo no habría de estarlo? Es agotador tener que razonar en todo momento en un universo que no es razonable.»

Dwayne continuó leyendo: «Está usted rodeado por máquinas de amar, máquinas de odiar, máquinas de avaricia, máquinas de generosidad, máquinas valientes, máquinas cobardes, máquinas de la verdad, máquinas de mentir, máquinas de diversión, máquinas solemnes», ponía el libro. «La única finalidad de todas ellas es la de pincharle a usted de todas las formas posibles para que el Creador del Universo pueda observar sus reacciones. Esas máquinas poseen tanta capacidad de sentir y de razonar como los relojes de su abuelo.

»Ahora, al Creador del Universo le gustaría disculparse no sólo por haberle proporcionado durante la prueba todas esas compañías caprichosas y agobiantes, sino también por el deplorable estado de degradación en el que se encuentra el planeta. El Creador programó a los robots para que hicieran un mal uso de dicho planeta durante millones de años, de tal modo que, cuando usted llegase, fuese ya un queso purulento y ponzoñoso. También se ocupó de superpoblarlo, hasta un grado desquiciante, de robots programados para que, fueran cuales fuesen sus condiciones de vida, no pararan de mantener relaciones sexuales y adorasen tener niños por encima de cualquier otra cosa.»

(...)


El desayuno de los campeones. Kurt Vonnegut