
Estos siete jinetes poco apocalípticos asaltaron la villa y se hicieron con los fuertes de Casa Abuela, Casa Angelita... y también pusieron sus pies en el Auditorio Municipal. Visto y no visto.
Un abrazo fuerte a todos!
ivido lo que vivió? Seguramente no. Esa novela me trastornó un poco. Puede que la bibliotecaria tuviese razón al decirme que cogieses otra y dejase esa para más adelante. Su intento de quitarme el libro multiplicó mis ganas de leerlo. Desde la primera página me enganchó. Me fascinó por repugnante. El morbo, otra vez. Lo releí unos años depués-era necesario- y entonces lo brillante me pareció la forma de narrar lo infame tomando la distancia justa para hacerlo soportable. Lo suficientemente cerca para infligir el horror pero sin rebasar la línea que anularía toda credibilidad. Quizá sea esa maestría para mantener el equilibrio la que hace de la obra una gran novela. Si fuese un gran cuadro se diría que es bello. "Lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar", dijo Rilke.«Estimado señor, pobre señor, valiente señor», leyó, «es usted un experimento del Creador del Universo. Es usted la única criatura con libre albedrío de todo el universo. Es usted el único que ha de pensar en lo siguiente que va a hacer y en por qué va a hacerlo. Todos los demás son robots, son máquinas.
»Existen personas a las que parece que usted les gusta y hay otras que parece que le odian. Usted se estará preguntando el porqué. Es, simplemente, porque son máquinas de gustar y máquinas de odiar.
»Está usted desmoralizado y hecho polvo», siguió leyendo Dwayne. «¿Y cómo no habría de estarlo? Es agotador tener que razonar en todo momento en un universo que no es razonable.»
Dwayne continuó leyendo: «Está usted rodeado por máquinas de amar, máquinas de odiar, máquinas de avaricia, máquinas de generosidad, máquinas valientes, máquinas cobardes, máquinas de la verdad, máquinas de mentir, máquinas de diversión, máquinas solemnes», ponía el libro. «La única finalidad de todas ellas es la de pincharle a usted de todas las formas posibles para que el Creador del Universo pueda observar sus reacciones. Esas máquinas poseen tanta capacidad de sentir y de razonar como los relojes de su abuelo.
»Ahora, al Creador del Universo le gustaría disculparse no sólo por haberle proporcionado durante la prueba todas esas compañías caprichosas y agobiantes, sino también por el deplorable estado de degradación en el que se encuentra el planeta. El Creador programó a los robots para que hicieran un mal uso de dicho planeta durante millones de años, de tal modo que, cuando usted llegase, fuese ya un queso purulento y ponzoñoso. También se ocupó de superpoblarlo, hasta un grado desquiciante, de robots programados para que, fueran cuales fuesen sus condiciones de vida, no pararan de mantener relaciones sexuales y adorasen tener niños por encima de cualquier otra cosa.»
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