18.5.07

Las pieles bajo la piel

"Lo mismo hoy que hace tiempo, sigue existiendo la tentación de disfrazarse de tercera persona: cuando él tenía unos doce años, pero seguía sentándose con mucho gustoen el regazo de su madre, hubo algo que comenzó y terminó. Sin embargo, ¿puede fecharse con tanta precisión aquello que empezó y acabó? En lo que a mí se refiere, sí.
Mi infancia terminó en un espacio angosto, cuando, donde me criaba, la guerra estalló simultáneamente en varios sitios. Comenzó, inconfundible, con las andanadas de un navío de línea y los vuelos de aproximación de bombarderos en picado sobre el suburbio portuario de Neufahrwasser, frente al cual estaba la Westerplatte, base militar polaca, y, más lejos, con los certeros disparos de dos carros blindados en la lucha por el Correo Polaco en la parte antigua de Danzig, y fue anunciada muy de cerca por nuestra radio, una Volksempfänger que tenía su acomodo en el cuarto de estar, sobre el aparador: con palabras férreas se proclamó el fin de mis años infantiles en la planta baja alquilada de un edificio de tres pisos del Labesweg de Langfuhr.
..."

'Pelando la cebolla' de G.Grass, desde hoy a la venta en España
Extracto publicado por El Cultural

9.4.07


5.4.07


21.2.07

Vidas a la deriva

Le agobia la inmensidad. Mar al norte, al sur, al este y al oeste pero sin saber cuál es cual. Las olas juegan a su antojo con el barco. Él se concentra en el horizonte y en la rítmica canción del mar y del casco, que responde a cada embestida con un lamento mal engrasado. Y no puede dominarlo. Su cerebro hace agua. Siente como si encogiese y se balancease a sus anchas, en sentido inverso a la marea que golpea fuerte sus sienes. Se le llena la boca de saliva. Por un momento se deleita, calma su sed. Luego intenta pararlo. Respira hondo, cierra los ojos e intenta auyentar ese sabor metálico. Pero no puede. Segundos después ve como una ola engulle su última comida. No sabe cuándo llegará la siguiente y piensa, en una lengua que a su alrededor entienden pocos, "esto sólo puede ir a peor".


(sigo, triste y sin respuestas, el viaje de los que subieron y bajaron -por fin bajaron- del 'Marine I' y la inevitable batalla diplomática que se ha desatado)

24.1.07

"Mi callejón 1967"

Haciendo un descanso con café y zapping en mi sesión nocturna de estudio, me he encontrado con el discurso sobre el estado de la Unión en directo. El gran jefe (jau!!) ha empezado deshaciéndose en halagos hacia una aparentemente encantada y sonriente Nancy Pelosi, presidenta demócrata de la Cámara de Representantes. La farsa se me ha revelado más real al ver a los dos estrechándose la mano en el centro de ese espacio arquitectónico heredero directo del anfiteatro, mientras el público aplaudía exaltado. Y comenzaba la representación de la gran tragedia -"tenemos que salvaguardar a América de la maldad"-. Aún no llevaba ni tres minutos de discurso y no he aguantado mucho más.
La noticia de mi siguiente café, la muerte de Ryszard Kapuscinski, ha sido la que me ha empujado a pasarme por aquí. Le han dedicado una pieza muy corta, tirando de imágenes de archivo de los Premios Príncipe de Asturias y con un escueto resumen de su vida y obras. Se ve que Kapuscinski no era un futuro muerto digno de trabajo "pre mortem" -como otros que, superados los sesenta, en cuanto pasan un mal catarro tienen preparado su necroreportaje-. Aunque eso carece de importancia.
Seré egoísta pero en lo primero que he pensado ha sido en todo lo que no ha escrito. En muchos pueblos africanos sin cultura escrita se tiene verdadera devoción por los ancianos porque son sus bibliotecas. La muerte de cada uno de ellos supone una gran pérdida cultural. De ese tipo es mi sentimiento. Historiador del siglo XX, Kapuscinski, además de ser un buen narrador, desprende honestidad en sus escritos. En ellos cuenta su experiencia directa sin pretensiones totalizadoras ni atisbo alguno de moralismo -más o menos como el gran jefe en sus discursos-.
("Mi callejón 1967" es un capítulo de "Ébano")