28.5.06

Un poco de historia I



Amigo mío sólo tú encuentras leñaaaa...

Con un ratio de aprovechamiento del tiempo de 2:1 he pasado el fin de semana enclaustrada, estudiando en compañía de mi infatigable compañero de descansos, el capitán Gemo.

Me aburro taaaaaaaaanto. Por hacer algo voy a hacer eco de algunos de mis nuevos conocimientos en rr. Exteriores de España.


Gibraltar. De como España ni pincha ni corta y los ingleses cortan lo que quieren.

La tierra.

La controversia por el Peñón parte del tratado de Utrech (1713) y de su imprecisión. Inglaterra jugó muy bien sus cartas y se encargó de que en el texto final se hablase de “defensa y fortalezas” y no de “murallas”, término inequívoco que se había utilizado en las negociaciones. Esto le permitió exigir como suyas dos torres que quedaban fuera de las murallas: la Torre del Diablo, a unos 100 metros, y la del Molino, a unos 600. Lo cierto es que cuando se firmó el tratado ya las habían ocupado. Aunque España nunca lo aprobó ni apareció en el tratado, los ingleses exigían un territorio alrededor de la Plaza equivalente a un tiro de cañón, que en aquel entonces oscilaba entre los 600 y los 2000 metros en la máxima elevación. A lo largo del siglo XIX se sucedieron los sitios y las sucesivas tomas de las torres por unos y otros.

Fue la guerra de la Independencia la que abrió a los ingleses el camino hacia una mayor expansión ya que se destruyeron los fuertes españoles y no se reconstruyeron. La naturaleza también hizo su parte en forma de epidemias de fiebre amarilla, en 1815, y de cólera, en 1854. En ambos casos recibieron el permiso español para establecer campamentos fuera de la Plaza y no se retiraron una vez erradicada la enfermedad.

En la guerra de 1898, entre EEUU y España, Inglaterra quiso impedir que España fortificase las costas en un radio de 7 millas alrededor del Peñón. España logró impedirlo y en 1909 se construyó la verja que marcaría el espacio actualmente ocupado, a unos 800 metros de la base del monte.

Las aguas.

La expansión marítima no se produce hasta 1826. Dos barcos ingleses encallan en la playa de San Felipe y el gobernador británico envía a 200 hombres a recoger las posesiones británicas. Ante la queja española por esta acción, Mr. Canning, el gobernador, responde que hay que buscar un límite natural para el puerto de Gibraltar (Punta Mala) y alude a que éste está dentro del famoso tiro de cañón y, por lo tanto, dentro de sus derechos (nunca reconocidos en el Tratado de Utrech). Es de risa porque el tiro de cañón de 1713, cuando la Plaza fue cedida, poco tiene que ver con el de 1826. España no contestó a la misiva de Mr. Canning al considerarla excesivamente absurda. No hizo reclamaciones hasta 1841. Y entonces los británicos dijeron tener esos derechos por costumbre. Pero, ¿cómo podían tener los ingleses aguas sin playas y los españoles playas sin mar?

El derecho a la Descolonización.

En el siglo XX, con el nacimiento del Derecho a la Descolonización en las Naciones Unidas, resurge la controversia. Gibraltar se ajustaba a las condiciones para reclamar este derecho y España así lo hizo. En 1963 Gibraltar entra en la lista de territorios sujetos a la Descolonización, elaborada por el Comité de la ONU. Desde éste se insta a las dos partes a negociar una solución de forma bilateral. Inglaterra pasa olímpicamente del tema a pesar de las sucesivas resoluciones de la ONU para la aceleración del proceso. La ONU respalda los derechos españoles y en 1968 da un ultimátum al Reino Unido que fue contestado con la Constitución de 1969 para Gibraltar. Ante este gesto ni España ni la ONU supieron como seguir adelante…

Continuará…(o no)
¿Alguie
n ha llegado hasta aquí? Ya. Mmmmm, por si acaso, la próxima entrega, si es que sale porque estoy muy vaga, será “Gibraltar, paraíso fiscal”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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