Ayer en la tele , a altas horas de la madrugada, oí a un afamado escritor -a veces metido a la política- remitirse a Borges para justificar su intención de no publicar jamás poesía. En poesía sólo vale la excelencia. Estoy de acuerdo. Leer poesía suele requerir un mayor esfuerzo que leer prosa -según que prosa, claro-. La abstracción y la interpretación de símbolos, segundos sentidos, ideologías... que se hace al leer una novela es un proceso que, como mínimo, dura el tiempo que se tarda en leerla -siempre dura más porque además de leerla la piensas-. Ese proceso en poesía se lleva a cada verso. Hay que abstraerlo y extraer su sentido dentro del todo que es el poema -o del todo del conjunto de la obra del poeta y su universo simbólico-. Es mucho más intenso e inmediato. Por eso más que leer se relee. Y de ahí la exigencia de la excelencia. Tan difícil es escribir poesía como ser un mal poeta. Sin embargo hay novelistas mediocres que lo llevan muy bien.
Pero, ¿qué es excelente y quién dice que lo es?, ¿los críticos?, ¿y quiénes son ellos?
Termino el post con un par de poemas de Ángel González que no sé si son excelentes pero desde luego no son malos.
OTRO TIEMPO VENDRÁ...
Otro tiempo vendrá distinto a éste.
Y alguien dirá:
«Hablaste mal. Debiste haber contado
otras historias:
violines estirándose indolentes
en una noche densa de perfumes,
bellas palabras calificativas
para expresar amor ilimitado,
amor al fin sobre las cosas todas.»
Pero hoy,
cuando es la luz del alba
como la espuma sucia
de un día anticipadamente inútil,
estoy aquí,
insomne, fatigado, velando
mis armas derrotadas,
y canto
todo lo que perdí: por lo que muero.
ESO ERA AMOR...
Le comenté:
-Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
-¿Te gustan solos o con rimel?
-Grandes, respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas.
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