25.4.06



...que sólo se oiga el viento.

21.4.06

AÑO NATURAL: enero



“Es usted un genio, Mr. Vonnegut. Un hombre sin país. Un dueño sin perro”

Las noches me sorprenden a veces con canciones de invierno casi olvidadas. Agua pasada que no se seca por mucho sol abrasador que haga hervir el alquitrán de mi odiado Madrid.
- Mr. Vonnegut -, me llamaba. O Kurt.
Porque yo colaba las frases del novelista entre mis enardecidos discursos. Sobre todo cuando me tomaba un par de copas de vino.
- Kurt, deja de plagiarte.
- No plagio. Comparto.-me defendía yo, muy convencida.

Con Sergio compartí, quizás no el más feliz, pero sí el año más intenso de mi vida. Y paradójicamente coincidió con el año natural. Le encontré un uno de enero y le perdí, más exactamente nos perdimos, el treinta y uno de diciembre. A ninguno de los dos nos iban las medias tintas. En eso éramos iguales. Así que para la noche de Reyes ya vivíamos juntos. Además de cabezotas luchando contra los bienintencionados consejos de todos -padres, amigos, compañeros de trabajo, vecinos cotillas y todo el que quisiese dar su gratuita opinión sobre nuestra locura- era cierto, estábamos locos. Como cabras.
En aquella época yo andaba buscando curro y las reservas se me acababan. Y Sergio era un maldito bohemio que podía vivir del aire, aparentemente. La realidad, que yo no tardé en descubrir, es que sus progenitores le ingresaban puntualmente una jugosa mensualidad en su cuenta. Rojos con visa sin límite. Me repateaban los niñatos que gritaban consignas que ni siquiera entendían fuesen rojas, azules, verdes o grises. El caso es que para cuando me di cuenta de que Sergio era un infantiloide irreflexivo, ya era tarde, me había enamorado.
O eso creo. Los sentimientos son difíciles de recordar. Son muy fugaces. Su recuerdo se basa en el anhelo. Anhelo mi pasión por Sergio porque me hacía sentir mejor que nada pero no recuerdo el sentimiento en sí. Recuerdo que sus besos eran… pero para saber exactamente como eran tendrían que repetirse. La experiencia se marchita en el recuerdo y al final sólo quedan palabras, reconstrucciones imprecisas y, a veces, mejoradas de lo que fue y ya no es. Huellas de la realidad, sí, pero de una realidad que ya no existe. Relatos de lo perdido.
Pasamos enero explorando entre cuatro paredes. Dejé de buscar trabajo. No tenía tiempo. Y me subí al desinteresado carro de la visa. La pasión, lejos de morir extenuada, crecía. Yo no sabía que hacer con ella.

18.4.06

De la seguridad madrileña

(no ficción)

Ayer tuvimos una madrugada ajetreada. Cerca de las dos estaba yo en la cama con mi portatil cuando oí un golpe en el portal. Al golpe le siguieron los gritos desgarrados de una mujer (socorro, ayuda, cabrones...) que tuvieron que oirse en toda la calle. Mi cuarto está junto a la puerta del piso y mi reacción fue salir y gritar por el hueco de la escalera, no recuerdo qué. Supongo que la intención, no muy consciente porque estaba acojonada, era ahuyentar a los cabrones pero los gritos habían cesado. No sabía que hacer. Entré en casa llamando a mi compañera para despertarla mientras intentaba marcar en el móvil el número de la policía (se me había olvidado) y a los pocos segundos la mujer aporreaba nuestra puerta pidiéndonos a gritos que le abriésemos. No entendíamos porque no había parado en el primero y subía hasta el segundo para pedir ayuda. No lo entendíamos hasta que al abrir vimos que la pobre estaba llamando a su casa. Era nuestra amiga y compañera de piso.
Y todo por un bolso. La sorprendieron por detrás cogiéndola del cuello, uno, y tapándole la boca y los ojos, otro. Ella volvía muy cargada de las vacaciones de Semana Santa y llevaba la mochila por encima del bolso. Así que los cabrones para conseguir su preciado tesoro la zarandearon y la tiraron al suelo. Le arrancaron del tirón la mochila y se llevaron el bolso. Y a correr.
Y yo me pregunto, ¿es que acaso pensaban que iba a oponer mucha resistencia? Podían habérselo pedido antes de pegarle semejante susto. Porque ella al verse en el suelo no creyó que lo que querían era simplemente el bolso.
En fin, mi amiga tiene un ojo un poco morado y vuelve a ser una indocumentada. A esto último está bastante acostumbrada. Lo que más le fastidia es, quizás, haber perdido algunos recuerdos de su viaje. Y la moraleja: no volver de noche sola y CAMBIARSE DE BARRIO!!!!

Retales I


Me encantan las tormentas de verano. Sobre todo esas que llegan casi sin avisar y que traen consigo mucha agua de golpe y mucho ruido. Una tarde de agosto vimos como caía un aguacero a no más de cien metros de donde estábamos, mientras a nosotros aún nos daba el sol. Observamos en silencio como el nubarrón gris avanzaba sobre el campo hacia nosotros y echamos a correr cuando la tupida cortina de lluvia estaba sólo a dos o tres pasos. Llegamos secos a un portal justo a tiempo para ver pasar la tormenta.

11.4.06

ACT se mueve!!

Aprendiz Compañía de Teatro
representa "Escribiendo un sueño"
del 11 al 14 de mayo en la Sala Montacargas,
dentro de la Muestra de Autores Teatrales de Madrid.















...más información próximamente.