21.4.06

AÑO NATURAL: enero



“Es usted un genio, Mr. Vonnegut. Un hombre sin país. Un dueño sin perro”

Las noches me sorprenden a veces con canciones de invierno casi olvidadas. Agua pasada que no se seca por mucho sol abrasador que haga hervir el alquitrán de mi odiado Madrid.
- Mr. Vonnegut -, me llamaba. O Kurt.
Porque yo colaba las frases del novelista entre mis enardecidos discursos. Sobre todo cuando me tomaba un par de copas de vino.
- Kurt, deja de plagiarte.
- No plagio. Comparto.-me defendía yo, muy convencida.

Con Sergio compartí, quizás no el más feliz, pero sí el año más intenso de mi vida. Y paradójicamente coincidió con el año natural. Le encontré un uno de enero y le perdí, más exactamente nos perdimos, el treinta y uno de diciembre. A ninguno de los dos nos iban las medias tintas. En eso éramos iguales. Así que para la noche de Reyes ya vivíamos juntos. Además de cabezotas luchando contra los bienintencionados consejos de todos -padres, amigos, compañeros de trabajo, vecinos cotillas y todo el que quisiese dar su gratuita opinión sobre nuestra locura- era cierto, estábamos locos. Como cabras.
En aquella época yo andaba buscando curro y las reservas se me acababan. Y Sergio era un maldito bohemio que podía vivir del aire, aparentemente. La realidad, que yo no tardé en descubrir, es que sus progenitores le ingresaban puntualmente una jugosa mensualidad en su cuenta. Rojos con visa sin límite. Me repateaban los niñatos que gritaban consignas que ni siquiera entendían fuesen rojas, azules, verdes o grises. El caso es que para cuando me di cuenta de que Sergio era un infantiloide irreflexivo, ya era tarde, me había enamorado.
O eso creo. Los sentimientos son difíciles de recordar. Son muy fugaces. Su recuerdo se basa en el anhelo. Anhelo mi pasión por Sergio porque me hacía sentir mejor que nada pero no recuerdo el sentimiento en sí. Recuerdo que sus besos eran… pero para saber exactamente como eran tendrían que repetirse. La experiencia se marchita en el recuerdo y al final sólo quedan palabras, reconstrucciones imprecisas y, a veces, mejoradas de lo que fue y ya no es. Huellas de la realidad, sí, pero de una realidad que ya no existe. Relatos de lo perdido.
Pasamos enero explorando entre cuatro paredes. Dejé de buscar trabajo. No tenía tiempo. Y me subí al desinteresado carro de la visa. La pasión, lejos de morir extenuada, crecía. Yo no sabía que hacer con ella.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola!
Este fragmento lo has escrito tu o es de un libro? Si es de libro, me puedes decir de cual? Me ha parecido muy curioso.
Gracias guapa!!!
Un besote

Patricia Bordonaba dijo...

Jejejejajjaj, ojala algún día pueda decirte de cual. Por el momento... estoy trabajando en febrero. Mañana tu cumple. 23!
Nadie los aparenta menos que tu...
Ánimo en tu nueva casa y con esa cena española.
Besicos!!

Anónimo dijo...

Saludos vulgar mortal:

Aquí andamos, es domingo, la gente no lo sabe, ellos creen que es viernes. Nunca antes ha pasado, no es un puente más. Y nosotros, los cuatro elegidos que andamos por el mundo conscientes del calendario dato... tenemos que aguantar las miradas apáticas de quienes yerran. Maldita sea la envidia, si es que lo peor de la ignorancia es el atrevimiento que lo reviste. No me cansaré de repetirlo; es domingo, joder, es domingo... nunca lo fue más que hoy, y nunca lo será. Sólo espero que pase San Isildur (padre de Eoden, heredero al trono de Isengart), y llegado el martes esa gente recapacite, mire detrás de la página de papel cebolla que cubre su calendario y diga: HAY QUE JODERSE, EL OTRO DÍA ERA DOMINGO, Y NO VIERNES.

Anónimo dijo...

Rojos con visa sin limite. Me lo voy a quedar.