16.12.06

Érase una vez...

...una extraña criatura en un mundo extraño, un grano de arena en el desierto del león gigante, aquel que cambiaba el color de las dunas saltando de una a otra con sus poderosas garras y su melena brillante al viento, creyéndose el rey del universo en su inmenso arenal solitario.
Como el grano de arena, la criatura era transparente. Y como el gran felino, era un camaleón que se teñía del color del suelo que pisaba, creyendo, el muy iluso, que era él quien pintaba su mundo.
Así era feliz porque el no saber a veces da felicidad, aunque sea quebradiza y efímera. La suya saltó en pedazos cuando supo que eran las dunas de su desierto las que decidían el color que iba a tener hoy su cielo, si mañana criaría petunias en un zapato o se haría un esguince al meter el pie en un agujero de las obras de su barrio.
Ese día comenzó a andar, como hacía siempre en cuanto le saludaba el Sol. Pero en vez de caminar mirando el suelo con su continuo parpadeo luminoso, se miró las manos, que le ofrecían el mismo espectáculo. Y con la mente puesta en inventar colores nuevos, se olvidó de parar.
Comenzó a llover y observó, sorprendida, que el agua transparente seguía siendo tal al entrar en contacto con su piel. Dejó de avanzar y estuvo un rato observando el fenómeno, para ella inexplicable. Entonces un cálido fulgor invadió el espacio. La curiosidad hizo que levantase la mirada. El Sol se estaba metiendo, ya rozando el horizonte, y las nubes le habían abierto un hueco para que pudiese extender su gran manto anaranjado, brillante, cegador, que avanzaba lentamente tiñéndolo todo. La criatura vio, anonadada, como la luz le alcanzaba y le volvía naranja. Y cayó en la cuenta de que nunca hasta entonces había mirado al horizonte.
Por un momento pensó que su existencia no tenía mucho sentido. Se preguntaba si pintaba algo en el mundo.
¿Qué he estado haciendo hasta ahora?
Disfrutar.
¿Y hay algo que me impida seguir haciéndolo?
No lo sé…



¿Y bien?
Pues… no. Ahora sé que disfruto de algo que no he creado yo… pero ¿importa tanto eso?

Decidió que no. A veces pensaba que no era nadie, sólo una copia o un reflejo. Pero despreocupada de su destino, siguió andando, descubriendo en cada paso un matiz nuevo y olvidándose, de vez en cuando, de olvidar que no era ella la pintora.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Sigo leendo...encantandome! :-D

Si nos no vamos a encuentrarnos ante Navidad.... Buone feste, buon NAtale e felice anno nuovo!!

Patricia Bordonaba dijo...

Gracias!
Espero que disfrutes mucho en tu casa.
Feliz Navidad!Besos,
Pat

Anónimo dijo...

Esperando tus palabras

Anónimo dijo...

Esperando tus palabras